Como todo año, cuando veo enrojecer los bosques perennifolios de la patagonia, cuando comienza la migración de los queltehues (teros) y el frío comienza a calar profundo en el cuerpo. Se que ha llegado el tiempo de tomar mi vieja carpa, mis aparejos de pesca, camping y salir a la cordillera. A recorrer esos puros, cristalinos y gélidos arroyos donde habitan las brook's (Salvelinus fontinalis (Mitchill, 1814), que significa Char de Springcreek (arroyo/vertiente), trucha de arroyo)

y atardeceres, el color fuego del horizonte y el azul intenso del cielo. Los colores de esos paisajes que acompañan mis solitarias jornadas de pesca.


Y es así como: Según la leyenda de los iroqueses, cuando el dios Manitou iba camino a visitarlos, cansado y hambriento tras su largo viaje se detuvo frente a un pozón rodeado de bosque y al ver unos hermosos peces en el, de tonos oscuros y brillantes como la noche, decidió atrapar al mas grande para saciar su apetito. Pero al mirarlo con atención, vio lo hermoso, ágil y fuerte que era. Controló su apetito, no quiso comerla y la arrojó de vuelta al arroyo del que la había arrancado.
Dejando impresa en ella sus huellas dactilares (manchas parr en los juveniles) y muchos puntos y coloridas aureolas, como manchas de joyas. Señal que el gran espíritu la había sostenido.
Debido a esto eran sagradas para los indígenas de las seis naciones y no la pescaban ni comían.
Dejando impresa en ella sus huellas dactilares (manchas parr en los juveniles) y muchos puntos y coloridas aureolas, como manchas de joyas. Señal que el gran espíritu la había sostenido.
Debido a esto eran sagradas para los indígenas de las seis naciones y no la pescaban ni comían.
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